Del viñedo a la bodega: el arte de separar lo esencial

Tras la vendimia, la uva llega a la bodega en su momento más delicado.
Cada racimo es una pequeña promesa de vino, y el primer paso para cumplirla es separar lo que importa de lo que sobra.
Ahí entra en juego una pieza clave: la despalilladora.

¿Qué hace la despalilladora?

La despalilladora es la encargada de separar las uvas del raspón, es decir, de la parte leñosa del racimo (los tallos y ramas que los sostienen).
Durante este proceso, también se eliminan restos de hojas o pequeñas impurezas que podrían alterar el sabor del mosto.

El objetivo es claro: quedarnos solo con el fruto, limpio y entero, listo para empezar la fermentación.

Un trabajo de precisión y cuidado

En Ladrón de Lunas, este paso se realiza con mimo. La uva se mueve con suavidad para evitar que los granos se rompan y liberen su zumo antes de tiempo.
De este modo, conseguimos mantener toda su frescura, aromas y pureza natural.

Una vez separadas, las uvas pasan al depósito donde comenzará la fermentación alcohólica: el momento en que el azúcar del mosto se transformará en vino.

La calidad empieza aquí

Parece un paso sencillo, pero es decisivo.
Un buen despalillado marca la diferencia entre un vino equilibrado y uno con notas vegetales o amargas.
Por eso, en nuestra bodega cuidamos cada detalle desde el primer minuto que la uva cruza la puerta.

El vino empieza mucho antes de llenar la copa: empieza en el gesto de separar, con respeto, lo esencial de lo accesorio.


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