La mejor forma para mantener el vino a la temperatura perfecta.
Lo primero que deberíamos preguntarnos es ¿Cuál es la temperatura perfecta para tomar el vino? Cada vino tiene sus propiedades y características, las cuales debemos tener en cuenta a la hora de definir su temperatura para consumir; si es vino blanco o tinto, con crianza o jóvenes… Incluso época del año y el lugar en el que va a ser consumido.

Un ejemplo de conservación de temperatura para cierto tipo de vino, son las bodegas subterráneas, que se caracterizan por su inercia térmica, gracias a la cual, mantienen una temperatura que varía entre 4 – 6º C anualmente, por lo que resultan adecuadas para la conservación de los vinos jóvenes. Además, éstas no tienen problemas de vibraciones, ruidos o exposición del vino a la luz. Con este ejemplo podemos ver lo importante que es el lugar y momento de consumir el producto, pero, ¿por qué nos adecúa más el vino a baja temperatura? ¿Qué sucede cuando este se encuentra a una cantidad mayor de grados recomendados?
Esto también varía dependiendo del tipo de vino que vayamos a consumir, por ejemplo hablando de que supere la temperatura idónea, si degustamos un vino blanco, percibiremos mayor acidez en la boca, y si se trata de un tinto, se hará más presente el sabor del alcohol. En el caso contrario, de que los grados estuvieran por debajo de los recomendados, el vino blanco perdería varios de sus aromas y, en el caso de ser tinto, notaríamos una sensación seca, provocada por la percepción de los taninos del vino.
Por suerte contamos con el tip perfecto para poder consumir el vino a la temperatura correcta; es la regla de los 20/20.
Regla de los 20/20. ¿En qué consiste?
Para el vino tinto; se sirve a una temperatura más cálida que los vinos blancos para enfatizar sus sabores y aromas. La temperatura idónea para los tintos se sitúa aproximadamente entre los 10°C y los 18°C. El truco consiste en meterlo en la nevera 20 minutos antes de ser consumido.
Por otro lado, el vino blanco; se degustan mejor cuando se sirven fríos, dado que esto contribuye a resaltar sus notas refrescantes y afrutadas. La temperatura que buscamos oscila entre los 7°C y los 12°C. En este caso, el vino ya debería estar dentro de la nevera y se sacaría 20 minutos antes de catarlo.
Para los vinos espumosos, deben servirse bien fríos para preservar su efervescencia y refrescar el paladar. Es estos casos, la temperatura debería rondar los 6-8°C.
Cómo enfriarlos si no contamos con frigorífico.
Añadir cubitos de hielo con el vino servido, no es una opción, ya que lo que se conseguirá el diluir el sabor y alterar las propiedades de la bebida haciendo que su calidad disminuya considerablemente.
Es mejor conservarlo dentro de una nevera o cámara frigorífica que mantenga las propiedades del producto sin entrar en contacto con el mismo, ya que de cualquier otra forma, estaremos afectando directamente a la degustación de este.
Otra buena forma de conservarlo es mediante una cubitera. El hielo y el agua son la pareja perfecta para conducir el frío, y la forma correcta de hacerlo sería llenar dicho recipiente con hielo para que cubra por lo menos dos tercios de la altura de la botella del vino, agregamos agua fría y colocamos la botella en posición vertical. ¡Listo!
También es importante evitar meter la botella en el congelador; pese a que parezca un método efectivo por la rapidez de enfriamiento, es precisamente lo que condena la práctica, ya que los cambios térmicos no son buenos, ya que pueden afectar a la calidad y sabor.
Como recomendación de la casa Ladrón de Lunas, dado que ahora nos encontramos en la época calurosa del año, recurrimos a un Godello, en concreto, Miñaxoia que siempre nos refresca y acompaña con toque goloso al paladar. No nos olvidamos de contar con cubitera y hielo para alargar su compañía, y si lo disfrutamos junto amigos y una tarde tranquila junto al mar, se vuelve el momento perfecto.

